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Bambú un material urgente para una arquitectura sostenible

Aunque depende de la especie de bambú, el potencial combinado de secuestro de carbono y reducción de las emisiones de carbono de la reforestación de pastizales degradados con bambú podría alcanzar 175,7 – 322 tC/ha de tierras reforestadas, o alrededor de 645 – 1182 toneladas de CO2/ha. La situación se invierte si no se gestiona la plantación de bambú, a tan sólo 49,5 tC/ha(Van Der Tugt, 2018). Cada hectárea podría producir 20m3 de material laminado con el que se puede fabricar vigas y columnas, en lugar de la madera y con la ingeniería que permiten los laminados; lo que demuestra la importancia de poner bajo gestión los bosques de bambú.

Son gramíneas y existen más de 1642 especies conocidas de bambú (Vorontsova, 2016), con patrones de tamaño y crecimiento muy diferentes. Debido a su tamaño (biomasa) y su abundancia, su uso para mobiliario y construcción se concentrá en dos especies:

– Phyllostachys pubescens (bambú “Moso”) – una especie monopodial o “corredora”, que se encuentra principalmente en China
– Guadua angustifolia (identificado en este documento como “Guadua” o “Bambú”) – una especie simpodial o “clumper”, que se encuentra principalmente en América Latina

Figura:Casa de hospedaje en Tena Ecuador,  Derecha, Proyecto post terremoto Punta Blanca en Esmeraldas Ecuador. Fotografías propias.

Crece en las zonas tropicales cerca de la línea equinoccial hasta 2.200 msnm. Su crecimiento rápido en los primeros seis meses, según las condiciones climáticas, el suelo y de la épica del brotamiento, alcanzan los 30 metros de altura y un grosor de 15 centímetros a 25cm que será su ancho final. Necesita cuatro años para que el espesor de sus paredes y la dureza de sus cúmulos alcancen el comportamiento mecánico necesario para usarlos en la construcción. El culmo de esta especie es un cilindro hueco y adelgazado dividido en segmentos separados por diafragmas (nudos), que en conjunto con una pared maciza, dan al tallo una increíble resistencia mecánica. La sección transversal del culmo presenta tres componentes muy bien diferenciados en cuanto a la anatomía: la epidermis o corteza exterior, la capa interior de la pared del tallo y el área fibro-vascular. Estas fibras constituyen el tejido que soporta todo el esfuerzo mecánico al que está sometido el tallo debido al viento, su peso y otros factores externos

Figura: Guahiba, en Colombia. Derecha: Mbaru Niang en Indonesia. Fuente: Bambú, Una Cultura y una evolución. Cuatro conceptos – tres arquitecturas. Erika Torres Franco, 2017.

 

Recientes descubrimientos en piezas de cerámica revelan que los rasgos más antiguos de uso del bambú en la construcción se originaron el Ecuador(Hallo, 2009), específicamente en la región de Manabí, donde actualmente se ubica la ciudad de Jama, pertenecientes a la cultura Tolita 350 a.C. Otras culturas que ha usado para su arquitectura este material, reflejan claramente que su visión responde a una conexión íntima con la naturaleza. Esto es evidente en las construcciones cuadradas tradicionales de la Guahiba, pasando por las viviendas circulares de los pueblos Sidama de Etiopía, hasta las construcciones de la etnia Maggari en Indonesia (Torres, 2017). Sin embargo, las diferencias entre las soluciones propuestas son evidentemente diferentes. Lo que en todas persiste es el uso del material y la adaptación a la zona.

Figura: Pieza de cerámica corresponde a 350 a.C cultura Tolita en  Manabí Ecuador. Fuente: 10.000mil años de bambú, Fundación Hallo.

Para el caso de las construcciones Prehispánicas, encontradas en las zonas de Colombia y Venezuela, la solución palafítica en cuatro aguas crea lugares frescos y seguros, especialmente para épocas lluviosas y calurosas de las zonas selváticas. La solución propuesta para Mbaru Niang, Indonecia cuenta con estructuras cónicas que se adaptan plenamente a las fuertes lluvias, además representan cualidades simbólicas de su cultura, conservadas hasta la actualidad y declaradas patrimonio por la UNESCO (Torres, 2017).

Un elemento primordialmente ligado al estudio es el referente inmediato que genera la construcción con bambú, y la auto construcción. Todos estos estudios primitivos reflejan que eran los usuarios finales quienes construían estas viviendas (Hallo, 2009). La primera relación es lo básico de las construcciones en el caso de América, y la intuición, como relación simbólica en el caso de Asia (Torres, 2017). Estas complejas y aquellas sencillas, siempre dejan ver, sin tapujos, las uniones y amarres, dejando intuir, como se elaboraron estas construcciones.
En la actualidad por la evolución de materiales, el surgimiento del hormigón y la estructura metálica en las urbes, el bambú ha sido relegado como un material de apoyo o complementario. Su uso es fundamentalmente para construcciones efímeras, así como también en situaciones de vulnerabilidad, donde por necesidad, más que por convicción, se construyen estructuras mínimas. Esto ha logrado que se relacione al bambú con construcciones marginales de bajos recursos (Stamm, 2016). Por todo esto el bambú es un material urgente, para la reducción de emisiones de carbono.